El Auge del Fundamentalismo Religioso

José Zalaquett

José Zalaquett

Head of the Project at MOOC Chile
Lawyer, Universidad de Chile. Doctor Honoris Causa, by the Universities of Notre Dame and City University of New York.
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Recientes noticias del cable nos informan de una mujer sudanés cristiana que fue condenada a muerte por apostasía (afortunadamente, está libre ahora) y de unas alarmantes ventajas militares obtenidas por el grupo religioso extremista denominado “Estado islámico de Irak y Siria”. Son las últimas expresiones de un fundamentalismo religioso que parece estar en auge.

A lo largo de la historia, la religión ha sido uno de los principales elementos que otorgan las personas un sentido de identidad y de pertenencia a una determinada comunidad o grupo. Origen étnico y género son otros factores similarmente importantes. De hecho, históricamente, religión, origen étnico y género o sexo han sido los principales factores de discriminación arbitraria.

Junto con proveer un sentido de identidad y pertenencia, la religión, independientemente de la sinceridad de sus fieles o de si éstos practicaron o no sus preceptos, contribuye a definir quiénes son “los otros”, esto es, quienes están fuera de los límites de la comunidad. Éstos pasan a ser calificado de “paganos”, “infieles” o “gentiles”. Esta distinción constituye la base de la división “nosotros versus ellos”, que se ha hallado a la base de gran parte de los conflictos humanos.

La historia de las guerras de religión y de la persecución religiosa es larga y cruel. Algunos ejemplos del pasado son la persecución en contra de los cristianos por parte del Imperio Romano en los primeros siglos de nuestra era; las Cruzadas; la evangelización forzada de aborígenes por parte de los poderes coloniales de España y Portugal; las guerras europeas de religión y; la Inquisición. A partir del siglo XVII, ha existido una oscilación entre, por una parte, la tolerancia y, por otra, el fundamentalismo religioso. En la actualidad, vivimos un marcado movimiento del péndulo hacia el extremo del fundamentalismo. Algunos ejemplos son: las guerras de las naciones que conformaron la ex Yugoslavia, en los años 90; el ascenso del fundamentalismo religioso de origen islámico, a partir de la revolución iraní de 1979, líderada por el ayatolá Jomeini, que derrocó al Sha de Irán y estableció un régimen teocrático Chiíta que ha inspirado o incitado el auge de diversos movimientos religiosos fundamentalistas en el mundo árabe; la invocación de los términos bíblicos Judea y Samaria, por parte de gobiernos conservadores de Israel, como un modo de aludir al objetivo político último de la anexión de los territorios ocupados; la mayor fuerza política que ha adquirido el fundamentalismo cristiano en los Estados Unidos.

Los fundamentalistas religiosos niegan en la práctica las normas internacionales de derechos humanos sobre libertad de conciencia y religión, incluida la libertad de cambiar de religión o no profesar ninguna. Para ello se basan en una supuesta primacía de los preceptos de su religión por sobre los derechos humanos. Éste “relativismo cultural”, que puede llegar a negar la validez universal de ciertas normas básicas sobre la vida y la libertad, debe ser firmemente contrarrestado.

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