Terrorismo, derechos humanos y seguridad internacional

Juan Francisco Lobo

Juan Francisco Lobo

Coordinador Académico at MOOC Chile
Abogado, Universidad de Chile. Profesor, Introducción al Derecho, Universidad Diego Portales. Profesor, Derecho Penal Internacional, Universidad Adolfo Ibáñez.
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    Los atentados terroristas perpetrados por ISIS el pasado 13 de noviembre en París han dado lugar a una ola de solidaridad internacional para con las víctimas y con el pueblo francés. No obstante, los defensores de la imparcialidad moral se han apresurado en criticar a quienes solamente se conmueven ante la tragedia que tiene lugar en los vecindarios de París, al tiempo que ignoran o callan acerca de similares atrocidades cometidas en las calles de Alepo, Damasco, Beirut o Bagdad.

    En efecto, el abogado de la imparcialidad – quien, por cierto, arriesga revelarse como oportunista si no ha condenado en el pasado cada tragedia humanitaria provocada por mano humana – enarbola la universalidad de los derechos humanos como argumento para criticar a quien se conmueve tan sólo con las muertes de un tipo de personas. Si la dignidad humana no es cuantificable, de acuerdo con la antigua máxima kantiana, entonces ni el número ni la condición de las víctimas debería ser relevante para provocar conmiseración ante las atrocidades, dondequiera se cometan matanzas. En esto el defensor de la imparcialidad moral acierta.

    Sin embargo, el análisis queda incompleto si el debate acerca del fenómeno terrorista se agota en el discurso de los derechos humanos y de la dignidad humana universal. Ello por cuanto también existe una dimensión de seguridad internacional involucrada que no se puede soslayar.

    El hecho de que por quinta vez en lo que va del siglo – tras Nueva York y Washington (2001), Madrid (2004), Londres (2005) y Boston (2013) – un grupo terrorista haya sido capaz de perpetrar atentados en el corazón de la comunidad de países desarrollados que conforman el pacto militar de la invicta Organización del Tratado del Atlántico Norte, agrega una sensación de inseguridad internacional a los sentimientos espontáneos de conmiseración hacia quienes han perdido la vida.

    Esta perspectiva adicional de seguridad internacional remite a una discusión que suele estar ausente en el discurso de los derechos humanos: El debate en torno al derecho (moral y jurídico) a hacer la guerra, conocido como jus ad bellum en la tradición de la guerra justa. Entre las justas causas para iniciar una guerra que se señalan en dicha tradición se encuentra la legítima defensa, la que ha sido invocada recientemente por Francia para justificar su contraataque sobre el Estado Islámico. En tal sentido, parece evidente que la amenaza de ISIS a nivel global ya no puede ser contenida solamente con medidas policiales.

    Asimismo, los derechos humanos también encuentran lugar entre las justas causas para la guerra, si es que son violados a gran escala y solamente pueden ser defendidos mediante la fuerza en una intervención humanitaria en ejercicio de la responsabilidad de proteger.

    Pero el discurso de la guerra justa no concluye con la determinación de una justa causa para iniciar las hostilidades, sino que además se requiere de una recta intención, legítima autoridad, el carácter de último recurso y proporcionalidad entre los posibles costos y beneficios del uso de la fuerza. Este último requisito de proporcionalidad procura incorporar un cálculo prudencial sobre el impacto que la guerra tendrá en la seguridad internacional. Es deseable que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU – todos ellos actualmente embarcados en mayor o menor medida en la lucha contra ISIS – incluyan dicho cálculo de razonables expectativas de éxito en su respuesta contra esta nueva amenaza a la seguridad internacional y a los derechos humanos.

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