La Captura del Estado

José Zalaquett

José Zalaquett

Head of the Project at MOOC Chile
Lawyer, Universidad de Chile. Doctor Honoris Causa, by the Universities of Notre Dame and City University of New York.
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Se atribuye la formulación de la expresión “captura del Estado”, a los expertos del Banco Mundial Daniel Kauffmann y Joel Hellman, en unos artículos académicos que escribieron conjuntamente hace unos 15 años atrás. Estos autores se referían a la relación entre empresas y Estado, distinguiendo tres modalidades : a) corrupción administrativa, que consiste en pagos de las empresas a funcionarios del Estado para que no apliquen debidamente las leyes o políticas públicas; b) captura del Estado, es decir, pagos y sobornos para influir en la dictación de leyes y políticas; c) influencia, que sería el peso de ciertas empresas en la conducción del Estado, pero por medios lícitos.

Cabe notar que la captura del Estado por parte de intereses económicos o de otros poderosos agentes sociales, como, por ejemplo, instituciones religiosas o partidos políticos, rara vez opera solamente por caminos lícitos. Bien puede ser que algunos de los medios que se emplean no sean, estrictamente hablando, ilegales; sin embargo, por lo general, merecen un reproche moral, en la medida en que se hace valer el poder (no sólo económico) que se detenta para asegurarse que se adopten leyes o políticas públicas que favorezcan los intereses de la entidad capturadora o al menos no los perjudiquen.

Una de las formas más frecuentes de capturar el Estado consiste en el financiamiento de la política, tanto permanentemente cuanto, especialmente, en tiempos de campañas electorales. Algunas grandes empresas o grupos empresariales se preocupan de financiar a todos los partidos políticos; otras concentran su apoyo en alguno o algunos. Comoquiera que fuere el caso, ciertamente los parlamentarios o miembros del poder ejecutivo así favorecidos, no tienen incentivos para “morder la mano que los alimenta”.

Existe también una forma de menor cuantía u “hormiga” de captura del Estado por parte de los partidos políticos en el poder, consistente en la distribución de posiciones dentro de la administración pública o de beneficios, tales como becas de estudio o diversas asignaciones o beneficios, no sobre la base de igualdad de oportunidades y mérito, sino de clientelismo político u otras formas de favoritismo. Si bien cada caso particular puede ser de menor cuantía relativa, una práctica extendida en este sentido, puede llegar a ser una “captura hormiguero”.

Naturalmente, toda forma de captura del Estado supone corrupción, porque rompe el principio de igualdad democrática de los ciudadanos y de los agentes del mercado; en cambio, discrimina sobre la base de poder económico o de otro tipo.

En Chile en los últimos meses se han desarrollado escándalos que pueden ser calificados de captura del Estado. ¿Es compatible esta situación con el hecho de que el país figure, junto con Uruguay, como el menos corrupto de América Latina? Sí lo es, en la medida en que tales circunstancias provocan una reacción pública y no una simple encogida de hombros o indiferencia. Sin embargo, es preciso mantenerse vigilantes. El hecho de que la sociedad chilena aún reaccione con fuerza frente a actos de corrupción, se debe en gran medida, a que se ha ido creando conciencia social sobre los valores de probidad pública, igualdad de oportunidades y transparencia. Este logro debe ser preservado y reforzado.

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