Niebla en el Canal – La historia está aislada

Juan Francisco Lobo

Juan Francisco Lobo

Academic Coordinator at MOOC Chile
Lawyer, Universidad de Chile. Professor, Legal Theory, Universidad Diego Portales. Professor, International Criminal Law, Universidad Adolfo Ibáñez.
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    Se dice que en la década de 1930 un periódico inglés publicó una vez el siguiente titular: “Niebla en el Canal – El continente está aislado”. Desde entonces se lo ha considerado como una muestra del carácter nacional británico y como evidencia de la longeva actitud británica hacia el continente. Y no es casualidad, dado que la isla ha sido codiciada desde tiempos antiguos por invasores romanos, sajones, vikingos, normandos, francos y de la Alemania Nazi. Por tanto, es natural que los británicos deseen ahora mantener al resto del mundo a cierta distancia, como ha quedado demostrado por el reciente voto de mayoría apoyando el “Brexit” o salida de Reino Unido de la Unión Europea.

    Lo anterior cabe por lo que se refiere al territorio británico. ¿Qué hay de la presencia británica en el resto del mundo? Durante siglos el Imperio Británico extendió su poderío a lo largo del globo, siendo su influencia generalizada evidente hasta el día de hoy en legados tales como la lingua franca universal – el inglés – y el deporte más popular del planeta – el fútbol.

    Los partidarios del Brexit aducen que el Reino Unido debe retomar su soberanía frente a las intromisiones de la Unión Europea, incluyendo sus tribunales, regulaciones tributarias y, sobre todo, cuotas obligatorias de migrantes. El antiguo espectro de la invasión – aunque esta vez no de feroces guerreros sino de inmigrantes pobres y hambrientos – motivó a la mayoría de la ciudadanía británica a retirarse de la UE.

    Esto demuestra una falta de perspectiva histórica en el público británico, no sólo frente al proyecto único de la UE, sino también en lo tocante a su responsabilidad histórica en tanto herederos de uno de los últimos imperios en la historia de la humanidad.

    En efecto, los imperios por definición están destinados a regir sobre otros pueblos, lo cual a menudo ha llevado a hacerle la guerra a los mismos. Como sucede con toda guerra, las guerras imperiales pueden ser evaluadas bajo el marco proporcionado por la tradición de la Guerra Justa. Uno de los últimos criterios propuestos en esta tradición es la idea de una dimensión de jus post bellum que acompañe a las de jus ad bellum y jus in bello. Una guerra justa no es sólo aquella que es librada por las razones adecuadas y de una manera civilizada; los vencedores también deben hacer todos los esfuerzos posibles para reconstruir las estructuras institucionales para que los vencidos puedan tener la oportunidad de prosperar tras la derrota. Esto es lo que ha sido denominado como la etapa de la “responsabilidad de reconstruir” dentro de la doctrina de la “responsabilidad de proteger”.

    Por cierto, hay mucha culpa que asignar a Estados Unidos en términos de jus post bellum en la actual crisis humanitaria en Irak y Siria. Sin una invasión de EE.UU. a Irak en 2003 y unas paupérrimas políticas de jus post bellum tras la misma, no existiría el Estado Islámico que obliga a millones de personas a huir de sus hogares y a buscar refugio en Europa. Pero la responsabilidad histórica de reconstruir y nutrir sistemas políticos en la región también recae sobre el antiguo Impero Británico y el resto de los extintos imperios europeos, quienes fueron los anteriores regentes en muchos de los lugares donde la denominada “primavera árabe” ha brotado con violencia.

    Un importante aspecto de la reconstrucción es la mantención de la seguridad o policía. Al abandonar su rol histórico como súper-potencias militares – sólo al socaire de la seguridad proporcionada por Estados Unidos durante las últimas siete décadas – los países europeos han descuidado su deber de ayudar a los gobiernos locales a proveer las condiciones mínimas para la seguridad en los países previamente colonizados por aquellos. Si se debe culpar a Estados Unidos por el Estado Islámico, los europeos comparten su parte de la culpa por la pobreza e inestabilidad en sus antiguas colonias y por las oleadas masivas de migrantes que actualmente tocan a sus puertas.

    Hasta el pasado 23 de junio, la historia parecía marchar hacia la integración regional en Europa. Ahora el Reino Unido abandonará esa senda. Pero los europeos habían comenzado hace mucho tiempo a desentenderse de su responsabilidad histórica de reconstruir los mundos que alguna vez destruyeron y remodelaron a su antojo.

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