Terrorismo Contemporáneo

José Zalaquett

José Zalaquett

Head of the Project at MOOC Chile
Lawyer, Universidad de Chile. Doctor Honoris Causa, by the Universities of Notre Dame and City University of New York.
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Las publicitadas ejecuciones de rehenes llevadas a cabo por el llamado califato Estado Islámico, así como la matanza de los editores de la publicación francesa Charlie Hebdo y la sospechosa muerte del fiscal argentino que investigaba el peor caso de terrorismo ocurrido en América Latina, han dado una nueva nota de urgencia al tema del combate al terrorismo. Se trata de inéditos horrores dentro de una etapa contemporánea en el desarrollo terrorismo, inaugurada por el ataque terrorista en contra de los Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001.

Recapitulemos: el terrorismo, entendido como un ataque dirigido en contra de civiles o indiscriminado, con propósitos políticos o ideológicos, es de muy antigua data. Algunos eruditos citan ejemplos de miles de años atrás. Una fase más moderna habría nacido en la segunda mitad del siglo XIX, en Rusia, a partir del uso de explosivos por parte de anarquistas en su lucha contra el zarismo (con anterioridad, en la Revolución Francesa se acuñó el término ‘Terror’ como una política de gobierno extremadamente represiva). Una tercera etapa estaría constituida por la acción de grupos políticos violentistas (con un ideario anticolonial o antisistema), a partir de la década de los 70, sobre todo en países de Europa, África del Norte y el Medio Oriente. En esta fase, el terrorismo aprovecha la vulnerabilidad propia de las grandes urbes, el anonimato que estas mismas brindan, el desarrollo de explosivos y su mayor disponibilidad y, por último, el mucho mayor alcance publicitario que sus acciones obtienen con los medios de comunicación contemporáneos.

Finalmente, cabe hablar de una cuarta fase en el desarrollo terrorismo: es aquella en que vivimos actualmente y desde 2001: se caracteriza por una creciente internacionalización de los movimientos y las ‘causas’ que esgrimen los terroristas; una disposición de sus militantes hacia la auto inmolación o el martirio, generalmente inspirado en interpretaciones religiosas; una crueldad aún mayor a la conocida tradicionalmente y un acceso a armamento sofisticado; un uso todavía más intenso de los medios de comunicación masiva.

Frente a estos fenómenos la comunidad internacional se encuentra confundida. Algunos propician ‘mano dura’, esto es, combatir al terrorismo sin parar mientes en contemplaciones fundadas en los derechos humanos. En el otro extremo, hay quienes se paralizan.

No pretendemos, frente a estos extremos, tener una respuesta precisa. Corresponde, sin embargo, delinear las características que debe tener una posible solución: la primera y más obvia es que debe ser efectiva. La segunda es que debe responder a un proceso de reflexión profundo pero urgente, que involucre a la comunidad internacional, la sociedad civil y expertos. Un corolario evidente de la primera característica es que no se sacrifiquen en el largo plazo valores fundamentales en aras de ser ‘efectivos’; es cierto que existe un hambre de seguridad entre la gente común y un profundo anhelo de poner coto a estos horrores, pero una efectividad de corto plazo sería pan para hoy, hambre para mañana.

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